
Al grito de la luna llena la bestia salió a buscarme y yo salí a su encuentro.
Mi carne desnuda sintió los golpes, mordiscos y embestidas, y mi garganta hasta cuatro veces tragó mi propio vomito.
Pero amaneciendo la bestia se apiadó de mí. Bebió de mi cuerpo con dulzura, acarició mis heridas con sus grandes garras y las lamió.
Me alimentó cuando desfallecía .
Y acurrucó mi sueño con su zarpa en mi cadera, con su ronco respirar.
Al despertar, me encontré sola, dolorida....y triste.

Es fugaz y único ese instante en donde todo parece libre y siente renacer.
ResponderEliminarComo los sueños.
Pero habrá otra luna llena!
Me encantó.
Un abrazo