
Hoy teníamos una cita. Una de tantas en las que nos encerramos en una habitación durantes horas y horas y nos regalamos sesiones de sexo duro.
Pero la tensión emocional acumulada durante estas dos últimas semanas, o quizás meses, me ha pasado factura y he salido corriendo.
El día habría acabado mal. Malentendidos, malas palabras, mal "carma"....si no hubiera sido porque EL me ha abrazado y me ha tentado a cambiar de plan. Y a pesar de mi reticencia inicial me ha llevado a dar un largo paseo, un paseo de cientos de kms, prometiéndome que no me iba a hacer hablar y que EL lo diría todo.
Y así ha sido como mi "cicerón" improvisado, me ha llevado a ver un amanecer en la PLAYA DE ALTAFULLA en la "Costa Daurada" de Tarragona. Paseando por el Paseo Marítimo abrazados y helados por el frío solitario de una madrugada de noviembre, en la que las olas cantaban a nuestro paso y nos daban la bienvenida al pasar bajo su arco.
Hemos pateado sus empedradas calles medievales, rincón de hechizos y cuna de brujas. Calles solitarias donde retumbaban mis tacones y volaban hacia el cielo nuestros alientos. Calles de dragones enforjados. Y las yemas de mis dedos han acariciado las buganbillas heladas de rocío, intentando, como mandan los esotéricos conectar con alguno de los elementos de las ciudades que visitas.
De allí me ha transportado a las MURALLAS DE MONTBLANCH , donde cuenta la leyenda Sant Jordi venció al dragón clavándole su lanza para convertirse después su sangre en una bella rosa. Y allí mi compañero, mi amo, me ha relatado el significado de los signos de las piedras de la Iglesia de Santa María , hemos admirado la belleza de sus vidrieras, de sus águilas y sus gárgolas.
Y en el rinconcito de una plaza nos hemos tomado un buen café, no sin antes meter mis dedos en las heladas aguas de una fuente, para volver de nuevo a conectar con la tierra que pisaba y con su historia.
Y finalmente, mi amigo, mi vida, me ha conducido por una vertiginosa ascensión a SIURANA, en la comarca del Priorato en Cornudella de Montsant. Mi pareja me iba diciendo que iba a ver uno de los pueblos más bellos de Catalunya y mientras íbamos subiendo por la montaña mis ojos no dejaban de impresionarse por el contraste del rojo de sus rocas y por los diferentes ocres y amarillos de su vegetación otoñal.
Una vez arriba, sobre el Refugio, a 737 metros de altitud y ante la inmensidad del abismo bajo nuestros pies y las paredes verticales, nos hemos abrazado y tras un largo beso he contenido las lágrimas mientras le daba las gracias. Gracias por un día inolvidable. Gracias por las hermosas vistas de aquellos acantilados por los que los escaladores se veían subir como diminutas hormigas.
Nos hemos dirigido al otro extremo para seguir viendo las vistas, allí donde el cielo y la tierra se unen, donde un pájaro nos ha trinado a nosotros dos y únicamente a nosotros dos mientras abrazados de nuevo, nuestros ojos admiraban el azul allí abajo , del Pantano de Siurana bailando sinuoso entre las montañas.
Y así, cogidos de la mano y sin dejar de besarnos, mi amor me ha contado la leyenda de Siurana, la de "El Salto de la Reina Mora". Cuentan que la última reina musulmana del Castillo de Siurana, viéndose asediada por los cristianos se lanzó en su blanco caballo al vacío.
Y allí, tras otro café calentito para olvidar el frio y disfrutar de toda la belleza de la naturaleza, ha sido donde mis manos han tocado el último elemento, la tierra, deslizando mis dedos entre las rojizas piedras de sus casas cargadas de un glorioso pasado.
No sé cuántas veces hoy he dado las gracias. Tampoco sé cuántas me ha dicho "guapa". También ha habido sexo entre tramo y tramo, no lo voy a negar, al fin y al cabo los dos somos animales instintivos. Pero el de hoy ha sido un día que no olvidaré en la vida, y no solo por los maravillosos lugares visitados y su historia contada por la boca de la persona que amo.
Sinó porque hoy me han regalado lo más hermoso, un paseo entre el cielo y la tierra. Un paseo a mi alma.