El sol se pone dorando la siega en su despedida, y el cielo embellece en tonos anaranjados, rojos y morados.Acaba otro día y yo lo apuro hasta el último minuto, como apuro mi copa de vino en el mismo banco de madera de siempre. Cierro los ojos y noto como cae la noche, lentamente. Cómo la brisa ingenua hace su aparición y trae olores a Dama de noche y jazmines.
Cómo llora lastimeramente el agua del estanque.
Mañana volveré al trabajo cuando aún no haya amanecido, como cada mañana. Y como cada mañana tras pasar los tres controles de seguridad, saldré al terrado del edificio y apoyada en un bordillo me deleitaré con un café mientras contemplo por última vez la luna y las estrellas.
Y entonces saldrá él también, como cada mañana, con sus tres compañeros a fumar su primer cigarrillo de la jornada. En la distancia cruzaremos miradas fugaces, tímidas. Yo recordaré cómo veinte años atrás ese mismo hombre atractivo ,ahora algo más canoso, me declaró su amor justo una semana antes de mi boda y cómo muy a mi pesar tuve que darle calabazas.
El reloj dará la hora de empezar la jornada. Miraré por última vez al oscuro cielo y al bajar mi vista nuestros ojos aguantarán la mirada, a sabiendas de que será la última vez que se crucen en ese día...y que habrá que esperar de nuevo la llegada de la luna para que el brillo de nuestras pupilan tililen al mismo tiempo.
Me incorporaré y al alejarme oiré tras de mí los pasos de esos hombres dirigiendose al igual que yo a nuestros diferentes departamentos, como cada mañana, desde hace veinte años.

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