...permanecía sentada sobre el alfeizar de la ventana mirando hacia el vacío de un quinto piso, una tarde de octubre.En su cabeza azotaban las palabras que instantes antes su madre le había proferido tras leer su diario. El diario de una adolescente de quince años que acababa de descubrir el sexo.
Tras escuchar sus insultos y comentarios repugnantes y recibir los golpes, aquellas sensaciones primeras de lo que era el amor y el placer le resultaban insoportables. ¿Como podia ser que aquello que a ella se le antojaba hermoso pudiera ser a la vez tan horrible y vergonzante?
Las lágrimas brotaban por su mejilla. Se sentía sucia.
Le dolía el alma por haber vuelto a decepcionar a su familia y le dolían las entrañas
por volver a sentir en sus carnes aquellos placeres.
Saltando acabaría con todo.
Saltando....
Vió una sombra en el edificio de en frente y levantó la vista. Frente a ella, un muchacho algo mayor que ella pegaba su cara al cristal de su ventana con mirada espantada. Sus ojos fijos en los de ella suplicaban .
Veinticinco años después ella, enseñando su novela prima sólo recibe un comentario por respuesta a su lectura.
-Está bien, pero noto a faltar descripciones...pasas por las escenas sexuales muy por encima...
Y ella, piensa en que podría haber descrito cómo él acariciaba sus senos, dulcemente, cómo los humedecía con la lengua, tiernamente, hasta endurecerlos de puro deseo. Cómo sus labios alrededor de ellos, lentamente, hacían extremecer su sexo....lo justo para que cuando sus dedos subieran con parsimonia sus muslos, ella ya estuviera dispuesta, mojada y abierta.
Podía describirle cómo ansiaba su boca dentro de la suya, caliente. Entrando dentro de su cavidad, forzandola . Inundándola de su saliba, de su ser. Azotandola con la lengua, encerrando sus labios con los dientes en una celda apasionada.
Y escribir cómo los labios de sus piernas recibían hambrientas su verga, en espasmos ritmicos, en ondonadas de gusto. Cómo la abrazaban con sus musculos, como se aferraban a la vida como un cordón umbilical. Para deshacerse al cabo de un tiempo, en un gemido, en un grito, en el suspiro de la extrema felicidad.
Y cómo después, en el descanso, él acariciaba su cuello y alababa su forma perfecta, regia.
Podía haber hecho éso y mucho más....Cada relación era diferente, cada situación diferente y cada persona un mundo...podía haberselo descrito de mil maneras. Obscena, dulce, o escabrosa... pero ....recordando aquel día sentada en el alfeizar de la ventana sólo pudo esbozar:
-Lo siento, no se me dan bien las descripciones.




