
Besando sapos me salió uno, rana.
Y de tanto llenar el cántaro de leche, se me llenó de aburrimiento y hastío.
A diario el reloj vuelve a marcar las dos mientras todo sigue igual, nada cambia. Y , desilusionada agarro la puerta y guardo mi alma.
Hoy tampoco será el día, hoy tampoco....
Quizás, mañana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Aletearon en mi oído: