Siempre pensamos que será fácil, algo extenuante a veces pero fácil...si otros pasaron por ella nosotros tambien podremos.Y ahí estaba ante mí, LA MONTAÑA, aquella de la que tanto habia oído hablar a mis mayores cuando era pequeña. Ahí estaba mirándome desafiante.
Cargué la mochila a mi espalda, las cuerdas, las cintas, los mosquetones y los fisureros en mis caderas y comencé a ascender.
Era la segunda de tres. Los pies de gato y los dedos de las manos descubriendo cada saliente, cada hendidura, cada grieta a la que aferrarse un momento antes de asegurarse.
A las pocas horas los musculos de mis brazos comenzaron a flaquear, me temblaban y las rodillas me dolían por aquella postura forzada. Empecé a pensar que aquella ascensión por la montaña no era tan fácil como yo creía y dudé si seria capaz de finalizarla.
Miré en dirección a mis compañeros, no podía defraudarlos. Yo dependía de ellos y ellos también de mí.
Volví a agarrar la montaña y continué subiendo. Sentía cada entrada de aire en mis pulmones como un desgarro, como si me rajaran la garganta a cada inhalación. Y las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas. Quería que aquel sufrimiento acabase pronto...mis muslos quemandose por el roce de las cuerdas, las solladuras de las manos que apenas ya sentía....los pies me pesaban como losas...
Pero seguí ascendiendo.
Al rato mi compañero de abajo me gritó que estaba agotado y que tal vez seria buena idea parar un rato....¿parar? ¿parar y continuar mas tarde con el cuerpo entumecido y frio? noooooo.
No es buena idea. Mejor seguir. Casi lo hemos conseguido. Confía en mí. Nosotros podemos.
No podia creerme lo que me acababa de escuchar decir a mi misma....
Entonces volví a mirar a la montaña. Miré abajo y miré luego arriba. Estaba allí arriba, colgada como una garrapata en medio de la nada, ....YO. Y en ese preciso momento fue cuando me sentí fuerte, increiblemente fuerte y capaz y comenzó el subidón de adrenalina, el que no me abandonaria ya hasta coronar la cima.
Llegué, dando saltos de alegria, llorando, gritando a pesar de mi garganta seca y dolorida, como una poseída, alzando los brazos al aire una y otra vez sin dejar de vociferar: SOY YOOOOOOOO, SOY YOOOOOOO, ESTOY AQUIIIIIIIII, SOY YOOOOOOOO. LO HE CONSEGUIDOOOO.
Nos abrazamos los tres compañeros de ascensión mientras botábamos riendo y gritando durante un buen rato hasta acabar cayendo al suelo derrotados, sin resuello por el esfuerzo....pero sin dejar de reir.
Así es LA VIDA, una montaña inmensa que hay que escalar. Te explicarán lo duro o fácil que es pasar por ella. Habrá quien lo haya hecho en mas tiempo y quien en menos, pero las vivencias, los miedos, las alegrias siempre serán diferentes en modo y en tiempo. Lo importante es haber pasado por ella, sentirla, sufrirla, vivirla, amarla, domarla y poder contarlo....a pesar de todo, con una sonrisa.

Hola... me encantó tu entrada, siento que es así. Es bueno ponerse metas y arribar a ellas, pero... sin descuidar cada instante del trayecto.
ResponderEliminarUn abrazo, gracias por sumarte a mis lectores, pondré tu Blog en el listado de "Visita obligada"
¡Un placer!
Brillante entrada, VIVIR requiere esfuerzo,luchar con nuestras propias herramientas, caer y levantarnos, resulta estupendo llegar a la cima y mas aún seguir intentándolo, no siempre es fácil pero bien vale la pena, saludos
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEfectivamente, así es la vida, pero... ¿quién reparte esa entereza, ese espíritu de sacrificio que comprobaste hace falta para llegar a la cumbre? No, no todos lo tiene, algunos se paran a descansar y luego les cuesta una enormidad seguir la ascensión. Otros se vuelven y abandonan, algunos para siempre. Otros... simplemente se dejan caer al vacío...
ResponderEliminarGracias por compartir esta experiencia con nosotros